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lunes, 29 de octubre de 2018

LITERATURA

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El ajedrez y la literatura (33). Ruy López de Segura: el primer torneo de maestros

Por Fernando Gómez Redondo
Con Ruy López de Segura, ya en la mitad del siglo xvi, el ajedrez pasa de la teoría a la práctica, sin abandonar el ámbito de la corte. Pocos datos se conservan sobre la biografía de este tratadista y prestigioso jugador de ajedrez, más allá de los que él dejó al frente de sus obras; nació en Zafra (Badajoz) en torno a 1540 y tuvo que morir, en Madrid, hacia 1580; sus padres eran mercaderes acomodados que contaban con casa noble —y escudo en la portada— en la plaza Grande de la localidad pacense. Debió de recibir una esmerada formación clásica y se ordenó como sacerdote, sirviendo como clérigo en la parroquia de la Candelaria de Zafra, de donde pasó a la corte de Felipe II; fue confesor y consejero del rey, amén de ganarse una merecida fama por sus conocimientos ajedrecísticos que, en buena medida, debe al manual de Pedro Damiano, un portugués que en 1512 había publicado el Libro da imparare giocare a Scachi.
En 1560, López de Segura se traslada a Italia con ocasión de la elección de Pío IV, para gestionar un beneficio eclesiástico, con tiempo suficiente para derrotar a los mejores ajedrecistas italianos. A su regreso, en 1561, publica en Alcalá de Henares el manual más importante de esta centuria sobre la práctica del ajedrez, sostenido por un verdadero despliegue de autoridades clásicas: el Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez, en el que, como se verá en próximos rinconetes, no sólo se recupera la equivalencia entre el arte de la guerra y el del ajedrez, sino que, a la par, se inaugura la teoría analítica dedicada a este juego. Cuando regresa a Italia, ya en 1573, bajo el gobierno de Gregorio XIII, vuelve a demostrar sus dotes de jugador venciendo, en esta ocasión, a uno de los más importantes ajedrecistas italianos de la segunda mitad del siglo xvi, Giovanni Leonardo da Cutri, un calabrés apodado, por su baja estatura, «il Puttino» o «el amorcillo», que fue después considerado el mejor jugador de su época y con el que mantuvo una larga y sostenida rivalidad que recuerda a la que podría enfrentar, en la actualidad, a los principales maestros. Se cuenta que Da Cutri estuvo dos años preparándose para volver a competir con el clérigo español y se asegura que, entre otros lances, logró liberar a su hermano, preso por los sarracenos, tras vencer al jefe de la guarnición que lo retenía y que era un apasionado ajedrecista.
Los torneos abandonan los palenques o campos de armas; las justas dejan paso a la teoría ajedrecística y el honor de las naciones se disputa ante un tablero; tal es lo que ocurre en 1575; en ese año, tras la paz asegurada por la victoria de Lepanto y en pleno proceso de construcción del monasterio de El Escorial, Felipe II convoca en su corte el que puede ser considerado primer torneo internacional de ajedrez, librado entre los españoles López de Segura y Alfonso Cerón, granadino, y los italianos Da Cutri y Pietro Boi, «el Siracusano»; la competición inspiró a Luigi Mussini su «Torneo de Ajedrez en la Corte Española» de 1886; como puede apreciarse en el cuadro, Da Cutri se encuentra de pie explicando al monarca los movimientos que ha ejecutado sobre el tablero, mientras, sentado frente a él, López de Segura, con hábito eclesiástico, calcula la jugada que va a realizar. El campeón debía ganar tres partidas; el italiano perdió las dos primeras, pero luego venció en las tres siguientes al español, y se cobró la revancha por derrotas anteriores. Ganó como premio la suma de mil ducados, una capa de armiño y que su tierra natal, Cutri, quedara exenta de pagar impuestos por veinte años. Felipe II felicitó a Juan de Austria en una carta de 22 de agosto de 1575 en la que le recomendaba al jugador italiano.
López de Segura fue uno de los humanistas extremeños más importantes, junto a Francisco Sánchez de las Brozas, nacido en Brozas (Cáceres) en 1523 y con quien mantuvo otra interesante disputa, ligada ésta al modo en que debía enseñarse la gramática latina; el zafrense compuso unas Grammaticae institutiones, impresas en Lisboa, en 1563; este manual se dedicaba a don Sebastián, rey de Portugal, que entonces contaba con nueve años, y llevaba un proemio de don Enrique Manuel de Portugal, que era entonces obispo de Évora y que había sido el fundador de su universidad y sería después cardenal-rey. López de Segura no actuaba como un gramático experto y sólo pretendía intervenir en la educación del futuro rey, facilitándole el conocimiento de la lengua latina; discrepaba en aspectos fundamentales como el estudio del género con Francisco Sánchez de las Brozas que arremete contra él en sus Annotationes, tildándolo de «bribón» y acusándolo de engañar al rey de Portugal con «auténticas tonterías». Ya es curioso que el principal rival de López de Segura en el campo del ajedrez, Leonardo da Cutri, acabara instalándose en la corte lusa para instruir al rey don Sebastián de Portugal, que gustaba dedicar cuatro horas al día a este juego.
López de Segura tuvo que seguir en la corte de Felipe II hasta su muerte en 1580, justo en el año en que se produce la anexión del reino de Portugal, tras la extraña desaparición del rey don Sebastián en la batalla de Alcazarquivir, librada en 1478; Felipe II sintió una especial predilección por su maestro de ajedrez y consejero, y así parece que, entre otros regalos, le entregó un collar de oro del que colgaba una torre de ajedrez; desde luego, el zafrense deslumbraba por sus habilidades y fue uno de los primeros jugadores en practicar el llamado «ajedrez a ciegas».
Con toda justicia, puede considerarse que el Libro de la invención liberal fija las bases del ajedrez moderno y así lo demuestran las sucesivas traducciones del mismo: el manual fue vertido al italiano por G. Tarsia, en 1584, al francés (1609, 1636, 1674) y al alemán por Gustavus Selenus, con varias estampaciones en París y en Brujas. Dos hitos singulares sobre la teoría de este juego se conectan a su figura: por un lado, que en el torneo de Madrid de 1575 se practicara por vez primera el gambito de rey (entrega de su peón: 1. e4 e5, 2. f4), por otro, que ideara los movimientos de una de las más importantes aperturas que lleva, en su honor, su nombre: la apertura Ruy López o apertura española, que conlleva estos movimientos: 1.e4 e5, 2.Cf3 Cc6 y 3.Ab5.
Antes de estudiar su Libro de 1561, procede recordar que Borges cita esta obra en su cuento «Pierre Menard, autor del Quijote» (1939), como una de las piezas destacadas de la «obra visible» de este escritor; en el escrutinio de su archivo particular —o en el «diagrama de su historia mental»— como séptima de las publicaciones, se encuentra: «Una traducción con prólogo y notas del Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez de Ruy López de Segura (París, 1907)», entremezclado con diversos trabajos sobre vocabulario poético, lógica simbólica, leyes métricas y alguna entrada más consagrada al ajedrez, así la quinta: «Un artículo técnico sobre la posibilidad de enriquecer el ajedrez eliminando uno de los peones de torre. Menard propone, recomienda, discute y acaba por rechazar esa innovación». Esta ficción borgiana, incluida en El jardín de senderos que se bifurcan (1941), celebra el talante renovador y experimental con que López de Segura reguló la teoría del ajedrez durante varios decenios, al menos hasta que en 1625 Gioachino Greco dio a conocer sus arriesgados movimientos de sacrificios de piezas.

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